SERGIO FEMAR EN MARTE.
WIT GALLERY
WIT GALLERY
Por Paco Caparrós 28 de mayo de 2026
Lejos de las grandes ferias de Madrid, la Feria Marte se plantea como un inciso en el circuito: un espacio limitado en Castellón, con muy pocos expositores y artistas, pero siempre con galerías diversas y con sorpresas agradables.
Una de esas sorpresas para mí fue Wit, una galería de Madrid que, en esta ocasión, expuso la cerámica de Efraim Ortega y la pintura de Sergio Femar; esta última, de especial interés dentro de la feria.
Aunque trabaja con distintos formatos, por encima de todo, Sergio Femar se considera a sí mismo pintor. Su obra pone en relación el paisaje como lenguaje de la naturaleza y la pintura, especialmente a partir del uso de la madera, la superposición de capas y los arrastres de pintura sobre la superficie.
El resultado es una pintura de factura sucia que imita el paisaje natural sin adornos, a partir del juego de geometrías y la superposición de capas, como los estratos de la tierra que se acumulan unos sobre otros en la composición del suelo.
La idea de la naturaleza en la obra de Sergio Femar se fundamenta en que el medio natural se canibaliza a sí mismo, del mismo modo que sucede con la pintura en su proceso creativo. Esta idea puede rastrearse en el pensamiento occidental.
En el siglo V, Demócrito, representante de la escuela atomista y considerado el último filósofo de la naturaleza, defendía la tesis según la cual el arte imita la naturaleza en base a la idea de mímesis, que, en este caso, no se refiere a una recreación exterior exacta, sino a una forma de comunicación entre la realidad, la naturaleza y el artista.
Por otro lado, Demócrito encontraba el placer en el arte en la unión entre contemplación y belleza, y también situaba la inspiración en lo que denominaba la poesía maniática. Para él, la poesía era provocada por un estado especial de la mente, un trabajo que se realiza sin finalidad. Esto se relaciona con el atomismo, que sostiene que el movimiento de los átomos inspira al artista, quien crea así cosas maravillosas.
En realidad, esta teoría no termina de ajustarse del todo a la obra de Sergio Femar, por lo que quizá deberíamos buscar la respuesta en Protágoras, uno de los sofistas más importantes y, en cierto modo, opuesto a Demócrito. Este confrontó el arte, la naturaleza y el azar, postulando que el hombre es creación de la naturaleza, pero que la creación del hombre no pertenece a la naturaleza.
Para Protágoras, el arte se realiza con una intención, y esta no es casual, a diferencia de la naturaleza, que sí lo es y, al mismo tiempo, perfecta. No obstante, el arte excluye la libertad en la medida en que imita un modelo ya existente.
Así que Sergio tampoco es protagórico. Por ello, si avanzamos en el tiempo y pasamos por alto, por ejemplo, a Hildegarda von Bingen y su idea de la naturaleza como medio para alcanzar lo divino, podemos saltar directamente al siglo XVIII.
Diderot y Rousseau comprendían al ser humano como un agente destructor de la naturaleza. En este sentido, para ellos, la obra de arte era tanto más bella cuanto más cercana se encontraba a la naturaleza y cuanto menos cultural y compleja resultaba.
En ese mismo contexto temporal, en Alemania, Baumgarten escribió la obra Aesthetica, en la que reflexiona sobre el valor intelectual y el carácter abstracto de la producción creativa, sin otorgar importancia a la apropiación de ideas, sino a las atribuciones concretas de las obras de arte.
Por su parte, en Characteristics of Men, Manners, Opinions, Times (1711), Shaftesbury expuso la idea de que las personas perciben un producto como fruto de un trabajo virtuoso en función de su armonía y de un sentido moral. De este modo, los sujetos pueden disfrutar de las obras de arte aunque no estén vinculadas a su propiedad. Así, el desinterés se convierte en una actitud esencial para el placer de la experiencia estética.
Otra de las ideas que plantea es la de la belleza natural, relacionada con la irregularidad, que nos supera como humanos y nos conduce a pensar en el creador de la naturaleza en forma de divinidad. Esto nos acerca a lo sublime, ya que no podemos concebir la irracionalidad de la naturaleza salvaje o del espacio infinito, y dichas escenas nos sobrepasan en belleza por ese mismo motivo.
Tal vez, a partir de este punto comenzamos a encontrar a Sergio, especialmente en esta cuestión de la irracionalidad de la naturaleza y la irregularidad de la abstracción, que remiten a la factura de sus composiciones, a los arrastres y a la superposición de geometrías. Sin embargo, si queremos obtener una lectura más completa de su producción, quizá deberíamos, momentáneamente, buscar fuera del pensamiento occidental.
En el pensamiento taoísta, por ejemplo, se articula una idea de la ecología que entiende el mundo natural como una cosmogonía en la que el universo se comprende como un continuo holista. Es decir, el medio natural se concibe como un conjunto en sí mismo, del que el ser humano forma parte, incluso aunque no esté físicamente presente.
En este sentido, si atendemos a la pintura tradicional china, encontramos representaciones de la naturaleza como una singularidad que ocupa espacio y tiempo, generalmente desde un punto de vista no estrictamente antropocéntrico. Desde mi perspectiva, el nexo de conexión entre el pensamiento oriental y la pintura de Femar se encuentra precisamente aquí, en lo que denominamos paisaje cultural: el resultado de la interacción, a lo largo del tiempo, entre el ser humano y el medio natural. Se trata de un territorio moldeado por la historia, las tradiciones y las actividades económicas de una comunidad, donde el entorno físico refleja su cultura e identidad.
Desde esta perspectiva, la pintura de Sergio Femar podría leerse en clave heideggeriana, en tanto que no se limita a representar el paisaje, sino que lo deja acontecer. La madera, la superposición de capas y el gesto pictórico no son únicamente recursos formales, sino modos a través de los cuales la obra desvela la verdad del territorio, haciendo visible la relación entre materia, tiempo e identidad.
BIBLIOGRAFÍA
PRIETO, María del Mar Sueiras. El concepto de Horizontalidad: el denominado método continuo en las representaciones de la naturaleza del arte chino y japonés. ASRI: Arte y sociedad. Revista de investigación, 2016, no 10, p. 8.
MORALES, Camilo Andrés. Un caballo de madera: Arthur Danto y la definición del arte como problema. Alpha (Osorno), 2019, no 49, p. 166-182.
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