Por SAIGON ART MAG 3 de abril de 2026
Arturo Garrido es arquitecto de formación, pero artista por vocación, hace un tiempo atrás participó en la residencia artística de la fundación Antonio Gala, situada en el antiguo convento del Corpus Christi de Córdoba, donde los artistas ocupan las antiguas celdas de los monjes, tiene un naranjo en el patio y queda cerca del museo de arqueología de la ciudad.
Debe de ser que en este convento no había mucho que hacer más que producir obra, así que Arturo pasó el tiempo de la residencia en el museo y notando como el paso del tiempo se materializaba sobre las naranjas que florecían, maduraban, caían y se descomponían en el patio del convento. Esta práctica que parece anecdótica es en realidad una parte esencial del stand que montó con Arniches 26 en Can durante la Semana del Arte.
En realidad, la idea fundamental parte sobre las arqueologías falsas que se venden como souvenir en los países del sur de África, Arturo es un artista muy viajero, pasa largas temporadas en el extranjero y con esta producción, trata de subvertir la estafa, resignificar el objeto arqueológico convirtiéndolo en una obra de arte actual en base a la investigación sobre la forma, el color y la textura.
El stand de Arniches estaba dividido en dos partes, que separaban las dos líneas de investigación sobre el mismo asunto. Una primera parte con esculturas escaneadas del museo, pero modificadas digitalmente para cambiar el retrato, sobre las que luego extraería un molde y finalmente, las remataría envejeciéndolas en su jardín, maltratándolas mientras fragua el material, o usándolas como luminaria poniéndoles cirios, igual que hacían los romanos con las esculturas en los caminos; en la segunda parte trabaja con mallas impresas y jugando con la transparencia, la superposición y la maleabilidad del material para crear volúmenes. Es lo mismo que las esculturas, pero con imágenes en dos dimensiones. Además de esto, también había un robot con una máscara griega que bailaba al compás de un mando de radio control.
Respecto al proceso de elaboración, no como en la tradición historicoartística, utiliza materiales que no son nobles, debemos tener en cuenta que Arturo es arquitecto de formación y utiliza materiales tradicionales de la construcción como el hormigón y las mallas, que combina con técnicas de última tecnología como escáneres y las máquinas para imprimir sobre malla. Esto le sirve para crear una dicotomía entre el hormigón, que es muy pesado y la malla, que es muy ligera, tanto que se mueve con la pequeña brisa que crean las personas al pasar y que es el resultado de llevar a cabo muchos experimentos sobre el formato.
Ahora, sobre el plano conceptual, quizá más interesante que el uso de los materiales, aunque está directamente relacionado con ello, utiliza la tecnología digital para imprimir los rostros de sus seres queridos sobre las obras de arte clásico, de este modo, se convierte a sí mismo en un Baco Joven, a su pareja en distintas musas, o a sus amigos en divinidades antiguas, pero no solo habían esculturas antiguas, también convertía en objetos de arqueología escáneres de las naranjas descompuestas que recogía del patio del convento, granadas, o incluso un poema.
La deformación y la modificación de la formas antiguas de la historia del arte, especialmente un torso del Laocoonte, enorme, de hormigón, con inclusiones de otras formas de otros periodos de la historia del arte, es para el artista, la investigación sobre la fusión y la permanencia del gesto a través de las posibilidades de los materiales.
A partir de este punto, podríamos interpretar la obra de Garrido desde dos vertientes diferenciadas, la primera de ellas es el Atlas Mnemosyne, el proyecto al que Aby Warburg dedicó sus últimos años de vida (1925-1929) y que funciona como una cartografía visual de la historia del arte a través de la pervivencia de las formas patéticas en la representación visual.
El Atlas es un montaje sobre una lectura no lineal del tiempo, sino que plantea lecturas alternativas a través de la disposición y las relaciones de imágenes. No consiste en colocar imágenes similares en el mismo lugar, sino de rastrear como existe un “puente” entre el sentido del tiempo, una especie de “conexión secreta” entre las imágenes a través de la historia.
En realidad, nadie sabe exactamente con que finalidad Warburg hizo el atlas, pero es probable que se debiera al estudio de la imaginación humana a partir de la representación visual en forma de imágenes. En relación a esta teoría, el historiador del arte Georges Didi-Huberman plantea que tradicionalmente la historia del arte atribuye el significado al objeto, pero en realidad, existen “puentes”, que son las relaciones sinópticas entre las distintas imágenes, no se trata de relaciones formales, sino de la pervivencia del gesto. Estos “puentes” no son únicos, de hecho, existen infinitud de puentes posibles entre gestos y significados culturales.
Sobre el plano investigativo, el Atlas permite producir conocimiento a través de las conexiones que existen entre la pervivencia y las relaciones gestuales en la cultura visual. Es decir, no es el fin, sino una herramienta productiva basada en el juego y el entretenimiento, osea, la serendipia y la apofenia, que es la capacidad de extraer patrones sobre datos aleatorios.
La segunda línea de interpretación versa, cómo no, sobre Walter Benjamin, es cierto que Benjamin se interesó más por Warburg, de lo que Warburg se interesó por Benjamin, y en realidad, el libro de Los pasajes es a la Literatura lo que el Atlas Mnemosyne es a la Historia del arte.
Benjamin volcaba sobre la imagen del pasado la capacidad de “relampaguear”, esto significa entender a la imagen como un interruptor que, al ser vista, activa el “relámpago”, la memoria sobre el pasado. Sobre esta línea de pensamiento, se extraen dos conclusiones, la primera es que el tiempo no es lineal y la segunda, es que la imagen es el medio para romper la linealidad del tiempo.
Volviendo a Arturo Garrido, la integración de la pervivencia del gesto a partir de la modificación digital de la obra antigua es la materialización del recuerdo de sus seres queridos, sobre la tradición de la historia del arte. En sentido último, da a la imagen arqueológica la capacidad de actuar como un objeto de activación de la memoria: un esfuerzo consciente por mantener con vida el recuerdo por medio de la imagen que “relampaguea” en el presente la memoria del pasado y la proyecta hacia el futuro.
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