Por SAIGON ART MAG 17 de marzo de 2026
El año pasado dije que escribiría un texto sobre la presencia de los artistas canarios en la Semana del Arte de Madrid. Soy perfectamente consciente de que, frente a la sobresaliente calidad creativa que acostumbran a ofrecer al público los artistas insulares, los lectores de Saigon lamentaron profundamente que ese texto nunca fuera escrito ni tampoco publicado. Este año no tengo excusa para no escribir esa publicación, que comienza con la Asociación Islas Canarias de Artistas Visuales (AICAV) en la feria Hybrid.
AICAV es una asociación sin ánimo de lucro fundada en 1999 con el objetivo de promover y fomentar el arte contemporáneo de las Islas Canarias y a sus autores. Esto, especialmente frente a la situación geográfica de periferia extrema que padecen las islas en un contexto tan centralizado como es el del mercado del arte.
2026 es su tercer año en Hybrid y el primero en el que se presentan en Madrid con apoyo institucional. Su estand se encontraba en la habitación 112 con una propuesta colectiva, resultado de una convocatoria abierta en la que se recibieron cuarenta y una propuestas, y un jurado externo seleccionó a cinco artistas muy diversos, prueba de la diversidad del arte canario y sobre la que las comisarias Alba Rosso, Elena Merrero y Marta Torrecilla se encargaron de buscar los puntos de conexión entre ellos y ellas.
Es un artista multidisciplinar, formado en Ilustración y Diseño en Las Palmas de Gran Canaria, y también en Dirección para Cine de Animación en Madrid. Su trabajo creativo combina diferentes lenguajes visuales, entre la ilustración, la pintura de caballete y también el grafiti.
Esta conjunción de distintos campos creativos tiene como resultado composiciones de vivos colores y con pincelada suelta, que, sin descartar la calidad de dibujo y superposiciones como la visión descompuesta del cubismo, hablan sobre la fragmentación de la realidad, la identidad, la emoción y la transformación del individuo. En este sentido, la obra de Dani Hache es una asimilación del arte como elemento de conexión y cambio, en la que se establece una relación entre cuerpo y emoción.
También trabaja con acrílico, conceptualmente habla desde el “yo”, son obras que hizo después de ser madre y de tener depresión post parto, esto le lleva al planteamiento de cuestiones sobre su propia identidad. Busca dar respuesta a la pregunta «¿Quién soy yo?», de hecho, casi todo son autorretratos.
Makarrón también viene del campo del graffiti; también es graduado en Bellas Artes. Su trabajo es un diálogo entre las imágenes de la cultura visual contemporánea y el arte clásico para, de algún modo, establecer una especie de ruptura frente a la inmediatez de lo actual. Para esto utiliza diversas técnicas, como cerámica esmaltada, encaje y aerógrafo en tela, así como tablas doradas, el resultado son asociaciones inesperadas que trabaja contécnicas muy diversas para un resultado final muy limpio y cuidado.
Es, creo, la artista más joven del estand y la que, a mi juicio, llevó la propuesta más sorprendente. Ella trabaja sobre la base del territorio imaginado, fracturado por la violencia simbólica del capitalismo y las jerarquías de género que toman forma en el espacio doméstico.
Ella compone a partir de la asociación inesperada de figuras en el no-espacio y el aspecto de viñetas; especialmente, reconfigura el imaginario de los 2k bajo la estética naif, en la que confluyen la autohumillación, el trauma, la autoironía, lo neurodivergente, lo precario y lo infantil. Se trata, en este sentido, de que la vida es triste, pero envuelve la realidad con pegatinas que son: un perro, un huevo frito, un tatuaje tribal o las herramientas de un dentista.
Dejo lo mejor para el final: Daniel Ruiz es un artista canario, pero reside entre Barcelona y Madrid. Su trabajo es una especie de unidad colaborativa entre su labor fotográfica, creativa y conceptual, y el que fue el gran trabajo vital de su padre.
El origen de este proyecto creativo se remonta a doce años atrás, cuando un día el artista recibió una llamada en la que le informaban de que su padre estaba enfermo. En principio no era grave, pero debía ir a estar con él. A partir de entonces, la muestra consiste en las cincuenta y dos fotografías de medio formato que tomó durante las dos semanas que estuvo con su padre hasta que finalmente murió.
Ocho años después se enfrenta a este archivo y lo pone en relación con el que fue el gran proyecto vital de su padre: la elaboración del árbol genealógico familiar, que se remonta a todos sus antepasados hasta el siglo XV y para lo que estuvo años y años recorriendo las islas y revisando archivos y documentación histórica.
Sobre el plano conceptual, es un trabajo que versa en torno a la comunicación y sobre encontrar las aficiones y gustos en común entre ambos, formando un pequeño archivo sobre los últimos recuerdos con su padre y la corta recuperación de una relación debilitada. Aun así, este no es un trabajo sobre el duelo; más bien, se trata de mezclar los dos archivos para encontrar entre ellos un simbolismo sobre la casualidad y la arqueología de la memoria. Es por este motivo que trabaja con la superposición de imágenes.
Este estand, o habitación, está formado por el trabajo independiente de varios artistas que no tienen en realidad mucha unidad creativa entre ellos. Pienso que, aunque el resultado es muy ecléctico, esto tiene sentido porque es una feria y en las ferias esto puede pasar. Esto no quiere decir que no existiera una labor de comisariado; de hecho, es la curaduría lo que hace que el estand tenga sentido.
Además, teniendo en cuenta la situación periférica de las Islas Canarias frente al mercado del arte, que ya hemos comentado, es especialmente relevante el papel de AICAV como una plataforma con la que, desde las Islas Canarias, dar visibilidad a los artistas canarios, que, en este caso, son todos muy emergentes.
Por las precarias
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