Por SAIGON ART MAG 13 de diciembre de 2025
Cualquier lector habitual de Saigon habrá podido notar que la figuración ocupa un lugar muy minoritario en las reseñas que se publican en este medio, no obstante, si tengo que hacer una única excepción al año, me alegra que sea Eternity, la última exposición de Pedro Kouba en La Merceria.
Cuando un espectador entra a la galería, lo primero que detecta es la enorme calidad para el dibujo que tiene Kouba, lo segundo, el humor con el que están pintados los cuadros y por último, y prestando más atención al detalle, se vislumbran varios hilos conductores que subyacen en las composiciones, que se manifiestan en forma de elementos que se repiten en los cuadros y que dan coherencia al discurso.
Este discurso subyacente está formado principalmente a partir de la idea del archivo, específicamente el atlas mnémosyne de Aby Warburg, famoso en la historia del arte por haber intercambiado con su hermano menor la herencia de su familia de banqueros a cambio de la financiación de su biblioteca, que terminó por ser una de las más grandes de Europa. Esta biblioteca no se organiza siguiendo los criterios convencionales, sino que se rige por la ley de la “buena vecindad” (Gesetz der guten Nachbarschaft) esta es una forma de organizar según afinidades temáticas profundas entre las ideas, de modo que cada libro se encuentra al lado de otro que lo “ayudara a pensar”. La idea es que, al recorrer los estantes, el lector descubra conexiones inesperadas en distintas materias y disciplinas.
Esta idea de la “buena vecindad” está muy presente también en el atlas mnémosyne, un atlas visual compuesto por 60 láminas con imágenes que rastrean la pervivencia de símbolos y arquetipos desde la antigüedad, hasta la modernidad.
De vuelta a la exposición, Pedro Kouba se vale de estos conceptos para construir su discurso a partir de imágenes de archivo digital y recuerdos familiares, la memoria y lo kitsch, por ejemplo, el meme de Cristo jugando a baloncesto con el diablo que introduce en uno de los cuadros, o en el cuadro que está colgado justo al lado, tiene escrito Eternity con cocaína, como el logo de Canciones prohibidas de Extremoduro y que alude a la historia de Arthur Stace, un vagabundo que durante treinta años se dedicó a escribir a la palabra Eternity por las calles de Sídney hasta que se convirtió en un icono de la ciudad.
Así muchos más ejemplos, también, respecto a la memoria, es muy divertido como se vale de lo kitsch para aludir al recuerdo, introduce en sus cuadros elementos como el suelo de terrazo, super presente en todas las casas españolas, o la también la típica alfombra infantil con carreteras que todo el mundo tuvo de niño.
En definitiva, esta es una exposición divertida, creo que nunca hasta ahora me había pasado de reírme delante de un cuadro, y algunos de los cuadros de que forman esta muestra son para partirse, a parte, la calidad formal del autor es excepcional, normalmente eso es algo que no valoro, pero en este caso es imposible no mencionarlo. Utiliza muchos colores y las composiciones no son sencillas, pero consigue generar efectos muy agradables. Es una exposición a la que no podría sacarle un defecto ni, aunque quisiera.
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