Por Paco Caparrós 8 de octubre de 2026
Durante la última edición de la feria Estampa, Arniches 26 volvió a sorprender con un stand monográfico dedicado a Alba Lorente Hernández, Los Estados, una artista con la que trabajan casi desde el comienzo de la galería y que ahora presenta la versión más madura de su producción, muy distante de lo que pudimos ver en aquella exposición colectiva del UVNTY de 2024 y como resultado de la culminación del trabajo de tesis doctoral de la artista sobre la destrucción como proceso destructivo.
Un trabajo que tiene como origen el estudio teórico sobreuna exposición que tuvo lugar en la Galería Lirolay (Buenos Aires, Argentina) en 1961, Arte Destructivo. En el contexto de la Guerra Fría, un grupo de artistas encabezados por Kenneth Kemble y compuesta por artistas provenientes del informalismo, actuaron bajo la idea de la destrucción, el daño y la descomposición como el proceso para la producción creativa, ligado especialmente al contexto de la Guerra Fría y el peligro sobre la posible guerra nuclear.
Sobre este punto, el trabajo destructivo de Alba Lorente Hernández ocurre en base a tres materiales: la cinta de carrocero, papel y la tinta china, desde hace poco también con barniz, que, aunque su función está, más bien, ligado a la conservación, también le añade a la obra un brillo y unos colores de los que antes carecía.
En este proceso destructivo, lo que hace es con diferentes tipos de papeles, algunos destinados a bellas artes y otros elaborados para fines diversos que compra en tiendas, no necesariamente de Bellas Artes, desde papeles japoneses hechos a mano, super delicados, hasta papeles para usos industriales a los que cubre con tinta china y sobre los que pega cinta de carrocero, para luego retirar la cinta del papel, que tendrá pegada tanto tinta, como restos del papel, obteniendo un resultado abstracto, pero con unas composiciones, no solo equilibradas, sino que ya casi se aproxima a lo figurativo precisamente por la experiencia que ya posee en el uso de la técnica.
Es por este dominio de la técnica que posee la artista, que Los Estados se debe a que, con el tiempo ha dominado tanto la técnica que produce por impulso, ya no se preocupa, como en su producción de años anterior sobre calcular el balance compositivo al milímetro, aquellas eran obras en blanco y negro, más cercanas, en mi opinión, a la producción de artistas como Vhils. Ahora cada obra ha sido elaborada en el taller bajo un estado y unas condiciones anímicas distintas, se trata de que estos estados quedan plasmados en la obra y se podrían llegar a intuir, es decir, Alba ya no busca la composición, ahora lo que busca es el propio proceso creativo de la destrucción.
Similar a la idea que introdujo Gustav Metzger, pionero del arte destructivo, con el concepto de arte autodestructivo en su primer manifiesto, publicado en noviembre de 1959. Con este término describía diversas prácticas artísticas vinculadas a formas de arte público desarrolladas en el contexto de las sociedades industriales.
Dentro de esta categoría incluía pinturas, esculturas e instalaciones producidas mediante fuerzas naturales, procedimientos tradicionales o recursos tecnológicos. Estas obras podían tener una duración muy variable, desde apenas unos instantes hasta aproximadamente veinte años. Con tales propuestas se configuraba una nueva manera de entender la obra de arte. La importancia ya no recaía en la producción de un objeto material permanente, estable y casi sagrado, sino en el propio proceso de destrucción y en la naturaleza efímera de los restos o huellas generados por dicho acto.
Más tarde, las ideas planteadas por Metzger encontraron una de sus expresiones más significativas en The Destruction in Art Symposium (DIAS), un encuentro organizado por él mismo en 1966 en el Africa Centre de Covent Garden, en Londres. El evento reunió a artistas, escritores, sociólogos, psicólogos y especialistas de distintas disciplinas con el propósito de reflexionar sobre las manifestaciones de la autodestrucción, tanto en el ámbito artístico como en la sociedad contemporánea.
imagenes cedidas por Arniches 26
Los debates impulsados por el DIAS abordaron cuestiones relacionadas tanto con la transformación y el deterioro de los materiales, como con los daños que los fenómenos naturales pueden ocasionar a las obras de arte y las formas de violencia física y psicológica que afectan al cuerpo humano.
Lo que trasladado a la exposición de Arniches nos conduce a distintos paradigmas sobre la destrucción creativa en los que no voy a entrar.
Aunque sí voy a mencionar antes de cerrar el texto la idea que se refiere a la capacidad de la artista sobre el ser capaz de dar la obra terminada, si otros artistas figurativos tienen terminado el cuadro cuando el dibujo y la iluminación son correctas y completas, La abstracción de Alba Lorente podría no terminar nunca, o podría terminar cuando la superficie del papel quedara totalmente destruida, supongo que es su propio Estado, el que le dicta en cada momento cuando puede dar la obra por terminada.
BIBLIOGRAFÍA
ADLER, Yasmin. Devastación y catástrofe en el arte contemporáneo: tácticas latinoamericanas de destrucción constructiva. 2020.
GARCÍA-PERERA, José-Manuel. La destrucción creadora. Análisis de los aspectos de la destrucción como herramienta del proceso creativo en la pintura española de la posguerra. Antoni Tàpies, Manolo Millares y Antonio Saura. 2012. Tesis Doctoral. Universidad de Sevilla.
LÓPEZ-DE-SILVA, Félix. Estética y creación en torno a la destrucción: el caso del arte destructivo. ActivArte, 2011, no 4, p. 59-68.
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